El jogging y sus múltiples beneficios

Es tan útil para adelgazar como para mantenerse en forma. Siempre que se goce de buena salud y se tenga un corazón fuerte no puede ser más que beneficioso.

Al acelerar el ritmo cardiaco, estimula la circulación y establece un buen drenaje de las toxinas (es, pues, eficaz contra la celulitis provocada por una intoxicación de los tejidos). Al hacer latir al corazón de forma más regular y eficaz, previene las enfermedades cardiacas y favorece también una mejor irrigación del cerebro.

Una buena circulación sanguínea hace que todos los órganos funcionen correctamente, que se establezca una irrigación profunda de los tejidos y, por tanto, se estimula la renovación celular, el crecimiento del cabello y de las uñas.

El jogging previene la formación de varices, da buen aspecto, corrige malas posturas, afina la cintura, refuerza los huesos, hace más flexibles las articulaciones y los ligamentos; su acción muscular directa permite construir músculos fuertes, duros y resistentes que se cansan menos pronto; calma los nervios y disminuye la ansiedad (un mal humor no resiste media hora de caminata o de gimnasia).

Y sobre todo, hace adelgazar: el consumo calórico suplementario que comporta tiene que ser provisto por una comida o por las reservas de grasa del cuerpo. De modo que si no se come más, se queman grasas y a la fuerza “¡se funde!”. Y al contrario de lo que muchos creen, el jogging corta el apetito: no se tiene ganas de comer ni antes ni después (salvo quizá los primeros días).

Es también uno de los mejores estímulos para llevar una vida regular y disciplinada: al día siguiente de trasnochar y de haber comido o bebido demasiado es imposible batir plusmarcas deportivas: falta la respiración, los músculos duelen, las piernas están torpes, se tiene poca resistencia. Se comprende así por qué los grandes deportistas no se pueden permitir excesos.

Antes de ir a hacer jogging, practique unos movimientos de precalentamiento para dar flexibilidad a las piernas y evitar lesiones musculares y cómprese un calzado especial y apropiado que sostenga bien el arco del pie, amortigüe los golpes y reduzca los riesgos de accidente.

Comience progresivamente. Comience por una distancia y un ritmo que le sean cómodos y auméntelos poco a poco.

Cuando sienta que su corazón y sus músculos han adquirido una mayor resistencia, podrá emprender una carrera.

Al principio, sólo unos pocos minutos, volviéndose a poner a andar. Paulatinamente, prolongando los ratos de correr, llegará a correr media hora o una hora seguida. No es necesario llegar a perder el aliento ni agotarse; el fin que se busca es poner en forma el organismo, no destruirlo.

Un ejercicio demasiado violento le desanimará, al requerir un esfuerzo que usted no está en condiciones de hacer: tiene que resultar siempre agradable.

No emprenda actividades físicas intensas con el estómago vacío: correría el riesgo de un ataque de hipoglucemia, desvanecimiento, sudores fríos, sensación de vacío: coma una fruta, una ensalada, una tostada antes de empezar.

Adquiera buenas costumbres cotidianas

Compra unos buenos zapatos planos. Tenga un par de sandalias en su bolso o aún mejor prescinda de los tacones altos durante el día; acortan la pantorrilla y provocan una mala posición que deforma la columna vertebral y acarrea dolores dorsales, ciática, dolores de cabeza, etc.

Evite coger el coche, el autobús o el metro; vaya haciendo jogging al trabajo, a hacer sus compras, a llevar de paseo al perro o a los niños.

Suba a pie las escaleras.

Levántese todos los días una hora antes y dedíquela a dar un paseo antes del trabajo. Si tiene buena salud, una hora menos de sueño no puede hacerle daño, sobre todo si la dedica al ejercicio.

En vez de hacer una gran comida al mediodía, mordisquee alguna verdura o fruta y vaya a pasear.
Dedique al ejercicio algunas horas cada fin de semana: vaya con la familia al campo o a algún parque.

Si puede, inscríbase a un gimnasio y vaya con regularidad. Para que sea eficaz, la gimnasia se tiene que practicar al menos tres veces por semana y lo ideal sería cada día. Si no tiene tiempo de ir a menudo al gimnasio, aprenda al menos algunos ejercicios que pueda practicar en casa.

Algunas personas prefieren hacer gimnasia por la mañana; otras, por la noche.

Por la mañana al despertarse, puede hacer un cuarto o media hora de ejercicios de flexión: nunca movimientos demasiado violentos que podrían lastimar sus músculos aún medio adormilados.

Unos pocos movimientos sustituyen perfectamente una taza de café: la circulación sanguínea acelerada despierta el cerebro y los músculos y los pone en forma para afrontar la jornada.

Durante el curso del día, en su trabajo, intente aislarse durante cinco minutos para relajar su espalda: adopte la posición yoga que consiste en apoyarse sobre los hombros con las piernas al aire: es una de las posiciones más beneficiosas que existen.

Como el cuerpo está invertido, la gravedad se ejerce al revés y se estimulan todos los órganos, en especial el corazón y los intestinos. Por otra parte, la presión ejercida por la barbilla sobre el cuello actúa sobre la glándula tiroides. Esta posición descansa las piernas y es muy beneficiosa al final del día. Se puede mantener todo el tiempo que se quiera con tal de encontrar un punto de equilibrio cómodo.

No hay que forzarse a hacer ejercicio durante mucho rato, siempre tiene que resultar agradable, porque es una actividad tan natural y necesaria como comer o hacer el amor. No hay mayor satisfacción como sentirse bien, relajado y rebosante de energía y de salud y orgulloso de tener un cuerpo firme y obediente.