Los obesos no van al gimnasio, sobre todo por vergüenza

Las personas que padecen sobrepeso saben que para bajarlo hasta un límite saludable han de centrar sus esfuerzos en dos aspectos, comida saludable y ejercicio físico. Sin embargo, los médicos han constatado que pese a que las personas obesas son conscientes de ello e incluso conocer perfectamente los beneficios del ejercicio físico, su nivel de actividad es sensiblemente menor al del resto de la población y ello se debe a que sienten vergüenza a la hora de ir al gimnasio.

Los obesos no van al gimnasio, sobre todo por vergüenza

Así al menos lo ha demostrado un reciente estudio desarrollado por el departamento de Ciencias de Ejercicio de la Universidad de Washington en EEUU, y publicado en la prestigiosa revista Journal of Nutrition Education and Behaviour, en el que se apunta a que las emociones negativas a la hora de ir al gimnasio echan para atrás a estas personas cuando deciden ponerse en forma.

El estudio analizó las respuestas de 1.500 personas de las que casi mil, es decir, dos tercios, se encontraban por encima de la horquilla que marca su peso ideal.

Lo sorprendente es que si estos mismo individuos respondieron de forma más positiva a los beneficios que el deporte provoca en el aspecto, también y en la misma proporción se mostraban esquivos a la hora de practicar deporte en público, tanto entre personas del sexo opuesto como por la complicación que podría suponer el manejo de algunas máquinas de gimnasio, lo que les provocaba emociones altamente negativas.

Acudir al gimnasio, dejar de lado la verguenza

Así, pesan más la vergüenza o el temor a ser juzgado por la apariencia física o la torpeza, que la conciencia de los beneficios que aporta el deporte a la salud, y la calidad de vida, lo que hace que se perpetúe el estigma de las personas con sobrepeso. Quienes más se mostraban contrariados por estas percepciones fueron las mujeres y los individuos de raza caucásica, es decir, europeos.

De ahí que sólo el 30% de los pacientes obesos sigan las recomendaciones de los médicos sobre la necesidad de realizar al menos cinco horas de ejercicio suave a la semana para rebajar su peso. Del propio estudio sale una recomendación para los gerentes de los gimnasios, por parte de los investigadores, que intenten reducir este tipo de sentimientos creando un ambiente de cordialidad entre los usuarios, ya que saldrán ganando.

El ejercicio físico desactiva la tendencia a la obesidad

Aunque es de sobra sabido que la predisposición genética a la obesidad es un hecho, ahora se ha demostrado que también hay fórmulas para desactivar esa predisposición, y está precisamente en hacer ejercicio físico. No significa que todo esté solucionado con machacase en el gimnasio, sino que esto atenúa de forma considerable la predisposición al sobrepeso que va impresa en los genes de cada persona.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, ha realizado un seguimiento a más de 20.400 personas con edades entre los 39 y 79 años en los que se tomaba como base el estudio de sus genes, para evaluar la presencia o ausencia de las doce variantes genéticas que tienen una influencia demostrada sobre la tendencia a la obesidad. De forma paralela se le plantearon cuestionarios con acerca del tiempo que dedicaban al ejercicio físico y cuál era exactamente su actividad.

Importante reducción

Una vez aplicadas las formulas matemáticas procedentes, los investigadores calcularon el porcentaje de predisposición genética al sobrepeso de cada una de estas personas y cruzaron este dato con los aportados por ella sobre su rutina diaria en cuanto a ejercicio para ver cómo influía. Y la sorpresa fue mayúscula ya que pese a que cada variante genética se asociaba a un incremento de peso de 445 gramos, esto no ocurría en el caso de quienes realizaban ejercicio de forma habitual.

Es más, en análisis de las más de 20.000 personas analizadas concluyeron que llevar una vida físicamente activa se asocia con ‘una reducción del 40% en la predisposición genética a desarrollar obesidad’, en palabras de los propios investigadores para la revista PLos Medicine en la que han dado a conocer públicamente a la sociedad científica su hallazgo. Se confirma pues que la creencia de que no se puede luchar contra la genética es falsa.

De esta forma, los propios investigadores han afirmado a la publicación que ‘promover la actividad física mediante el deporte, principalmente entre aquellas personas que están predispuestas genéticamente al sobrepeso puede convertirse en una medida decisiva para tratar de controlar la creciente epidemia de obesidad que viven los países desarrollados’, aseguran. En definitiva, que aunque toda su familia tenga sobrepeso, practique deporte regularmente y tendrá casi la mitad de posibilidades de alcanzar la obesidad.